No dejar de intentar hasta lograr

De antemano ofrezco una advertencia: soy muy necio. También soy paciente. Mientras otros han caído, yo he seguido en pie. Pero no todo es un éxito: cuando otros cambian sabiamente de parecer, yo continúo detrás de causas perdidas. El no dejar de intentar me ha dado excelentes resultados. También me ha hecho perder tiempo valioso. Lo que puede ser una virtud se nos puede voltear.

Primer intento

En el año 1998 me llegó el rumor de un sistema operativo diferente. Creado por el finlandés Linus Torvalds, parecía ser una respuesta viable a mis frustraciones del momento. Después de amargas experiencias y pantallas azules de la muerte, veía, por fin, la luz al final del túnel.

Con esto en mente, me dirigí a una tienda de computación para comprar mi copia de GNU/Linux. En el momento en que vi la reacción del vendedor, me di cuenta de que lo que buscaba no se vende en tiendas. Me vio con esa cara que te hace sentir un bicho raro. Regresé con las manos vacías, pero dispuesto a aprender más.

Segundo intento

Cuervo tomando agua
Le llevará tiempo pero se le va a quitar la sed.

Pasaron algunos años. El incidente anterior no se me había olvidado. A esas alturas ya sabía que dicho sistema operativo era “gratis”*. Ahora todo sería diferente. Escribí en la barra de direcciones de mi navegador: www.linux.com (en esa época así se buscaban las cosas en Internet). Quedé más confundido de lo que estaba.

Linux es el núcleo del sistema operativo. De ahí se pueden crear diferentes versiones, o distribuciones. Necesitaba una “distribución de Linux”. ¿Cuál? Era un paso en la dirección correcta. Pero tanta información hizo que la desidia tomara  el control de la situación. El proyecto se detuvo temporalmente. Por otro lado, era difícil no dejar de intentar.

Tercer intento

Sin saber mucho, elegí una distribución al azar. Aprendí mucho: hay que crear un disco compacto con el instalador. También hay que crear particiones en el disco duro. Parecía que todo estaba en otro idioma. Llegó el momento en que fue posible proceder a la instalación del sistema.

Todo sería fácil desde este momento. En cuestión de tiempo estrenaría mi flamante y moderno sistema operativo. “¿Está seguro que quiere proceder?”, preguntó el instalador. “Sí”, respondí con seguridad. En ese instante se desvaneció gran parte de mi vida digital. Echando a perder se aprende.

Cuarto intento

Había pagado un precio alto. Sin embargo, dentro de mí, sabía que lo lograría. Lo importante era no dejar de intentar. Un libro y varias revistas después, encendí mi computadora para encontrarme frente a mi flamante sistema con SuSE Linux.

No era tan fácil, por supuesto. Ahora debía de encontrar la forma de conectarme a Internet.

Quinto intento

Tras seguir oscuras instrucciones, finalmente logré navegar por sitios familiares. Pero el sistema era completamente diferente. Las aplicaciones tenían otros nombres.

Todo se veía raro, como si estuviera en un mundo diferente. No me dí por vencido. ¿Mi respuesta? No dejar de intentar. . .

carroza
Lento, pero seguro

En la vida real

No he llegado a entender todavía si el no dejar de intentar es una virtud o un defecto. En realidad, puede ser un poco de ambos. Me llevó años mejorar mi calidad de vida en el mundo de las computadoras. Pero el camino fue sinuoso. La misma historia se repite constantemente en otros aspectos de mi vida.

Cuando me pongo un objetivo, empiezan los intentos. El camino a la meta nunca es fácil. Cuando llego al final, estoy tan cansado que prácticamente ni festejo. Tantos intentos me hacen ver el logro como algo natural. Se pierde el factor sorpresa.

He visto en otras personas un gran talento. Ven los resultados de manera instantánea. No es mi caso. En mí, el progreso es sutil y el camino es largo. Casi cada paso va en la dirección correcta. Espero los resultados con paciencia.

Por lo anterior, me llevó ocho meses bajar de peso. Tardé 11 semanas en correr sin pausas. Las finanzas toman forma muy lentamente. El Bitcoin ha sufrido caídas estrepitosas a lo largo de los años y ahí sigo, esperando el momento ideal que tal vez nunca llegue.

No todo es color de rosa

No dejar de intentar puede ser contraproducente. Muchas veces debí de haberme dado por vencido, y sin embargo seguí. Por ello, en ocasiones he perdido tiempo que pude haber usado en algo mejor.

He terminado en situaciones que no me convienen. Las alargo más de lo debido. ¿Hay reglas sencillas a seguir? ¿Hay un término medio entre tenacidad y necedad? La respuesta es afirmativa.

Escaleras pausadas
Tras diferentes obstáculos la meta está a la vista.

Cuándo sí

  1. Nos interesa: No dejar de intentar en algo que nos interesa será más llevadero.
  2. Nos apasiona: La pasión nos ayudará a vencer obstáculos difíciles de manera casi automática.
  3. Es práctico: Si llegamos a la solución de un problema cotidiano, vale la pena intentar.
  4. Lo disfrutamos: Si cada paso que damos lo hacemos con gusto, terminaremos siendo expertos.

Cuándo no

  1. No nos lleva a nada: No dejar de intentar y fallar constantemente es una pérdida de tiempo. Es hora de buscar una nueva actividad.
  2. Se vuelve costumbre: a veces nos quedamos en algo por miedo de intentar o de salir del área de confort. Hay que buscar nuevos horizontes.
  3. No era lo que esperábamos: es de sabios equivocarse.
  4. La pasión se desvanece: Es válido y normal cambiar de prioridades. Cuando se pierde la pasión, es mejor salir.

No dejar de intentar hasta lograr

Si lo que buscamos de manera tenaz nos gusta, es práctico, interesante, apasionante y nos lleva en la dirección correcta hacia las metas, sigamos adelante.

Cada cabeza es un mundo. Lo que a mí me gusta, a ti te puede parecer aburrido. Algo que se te facilita puede ser imposible para mí. Lo que a unos emociona, a otros les da terror. Debemos de buscar lo que nos llena. Ponernos metas basados en eso. No importa qué tan lejanas o imposibles.

En el camino habrá aciertos, errores y frustraciones. No importa. Un nuevo error es una enseñanza. Cada vez que nos jalamos los cabellos, hay una nueva experiencia. Cada paso nos llevará más cerca de los objetivos. Seguir adelante y no dejar de intentar nos llevará a mejorar constantemente.

Conclusión

Velas quemadas
Con amor y pasión es más fácil continuar.

Tomás Alva Edison dijo que no fracasó. Simplemente encontró 10,000 maneras que no funcionan.

También dijo que “nuestra mayor debilidad es darnos por vencidos. Para llegar al éxito hay que intentar una vez más.”

Por mi parte, no dejaré de intentar.

. . . Hoy puedo considerarme un usuario avanzado de Linux. No extraño nada del pasado ni miro para atrás.

Tengo un blog en un servidor de Linux con software 100 % libre. Mi negocio de alojamiento en línea ** está basado en el uso de Linux y FreeBSD. Todo gracias a los obstáculos que vencí en el pasado.

Notas

* En ese momento pensé que era gratis. Puede o no que lo sea, aunque en la mayoría de los casos lo es. Más bien es libre. Esto significa que cualquiera puede tener acceso y modificar el código fuente y distribuirlo con o sin costo. Es un ejemplo de software libre.

** ¡Por fin en línea! El sitio nuevo es más moderno y funcional.

11 respuestas a “
No dejar de intentar hasta lograr

  1. “He fallado más de 9000 tiros en mi carrera. He perdido más de 300 partidos. En 26 ocasiones me confiaron el tiro ganador y fallé. He fallado una y otra y otra vez en mi vida. Y por eso he tenido éxito.” – Michael Jordan

  2. La perseverancia da frutos aunque a veces nos parezca necedad. En el artículo de hoy te reflejas de pies a cabeza. Es un retrato fiel de Alejandro. Te felicito.

  3. Sí, qué paciencia tuviste con linux, y más en aquella época. Pero creo que valió la pena. Te hizo independiente de ese sistema operativo del que la mayoría seguimos esclavos.
    Coincido contigo. Si algo nos apasiona, deberíamos perseverar en ello. Pero también a veces es de sabios decir basta.
    Muy chistosas las fotos.

  4. El solo hecho de haber “conquistado” Linux y sus distribuciones es recompensa mayúscula, Te costó trabajo, pero lo lograste.
    Un artículo muy interesante y bien escrito. Felicitaciones.

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