El gran valor de los pequeños momentos

Estoy llegando de una caminata afuera de la casa. Quería refrescar mi cabeza y poner en orden mis ideas. Afortunadamente conté con muy buena compañía durante el trayecto de 5 kilómetros. Ahora, con la mente clara, puedo decir que fue un éxito. No solo la conversación fue interesante. También me dio una oportunidad para apreciar el valor de esos insignificantes momentos, que son los más valiosos en la vida.

El gran valor de los pequeños momentos
Igual que las ramas en un árbol, así se genera el gran valor de los pequeños momentos.

Mañana no sé si habrá tiempo para disfrutar el día sin obligaciones. Me gustaría empezar con un café en la mañana, hacer algo productivo que me acerque a mis metas y compartir esta entrada a tiempo. En fin: quiero dar valor a los pequeños momentos. Estos son los que valen la pena, los que nos vamos a llevar con nosotros. El estrés, el trabajo y lo material, aquí se quedan.

No sé si la tranquilidad que deseo será posible. Amo mi trabajo pero hay un tipo de asignación que aborrezco: la “reserva”. En cualquier momento se me puede requerir. No sé a qué hora y no puedo estar preparado física o psicológicamente. Pasaré horas junto a mi teléfono mientras mi corazón palpita. Por otro lado, si no me llaman, me espera un rato agradable. De cualquier manera será un día interesante, sin duda. . .

Momentos memorables

El valor de los pequeños momentos radica en que son fáciles y accesibles. Muy poca gente recuerda con añoranza el trabajo monótono en la oficina. Lo que deja una huella profunda son los compañeros y las anécdotas que se mencionan y se repiten entre risas durante las reuniones.

En la vida, a diferencia de las matemáticas, el resultado es mayor a la suma de sus partes. Los buenos momentos, combinados, generan más bienestar y felicidad cuando se acumulan. Crecen de manera exponencial y hacen la vida más llevadera y agradable.

Por eso tenemos que buscar siempre el lado positivo de todo. Los pequeños detalles, cuando les damos prioridad sobre los aspectos negativos de la vida, nos levantan el ánimo. Hacen que cada día sea un reto del que queremos formar parte.

Un ejemplo

Una taza pequeña con unos cuantos mililitros de café parece insignificante. Sin embargo para mí vale oro. Trae momentos especiales y estados de ánimo llenos de entusiasmo y optimismo. Frente a mi espresso todo está bajo control. Me olvido temporalmente de los problemas y acepto cualquier reto: que el día me lance lo que quiera. Y si lo disfruto en buena compañía, mejor.

Girafa
Hay que disfrutar de la vida como si estuviéramos de paseo en el parque.

Algo tan pequeño puede ayudar a enfrentar los grandes retos. Si logramos sumar un gran número de momentos agradables, el día será más llevadero. Me atrevo a decir que la calidad de vida mejora ya que la cantidad de buenos recuerdos que nos llevamos se incrementa poco a poco.

Encontrar nuestra motivación

No a todos les gusta el café, por supuesto. Cada uno de nosotros tiene que decidir qué incrementa el valor a nuestros pequeños momentos. Hay que buscar en cada rincón hasta encontrar el detalle que hace ver la vida desde una perspectiva mejor.

La buena noticia es que no hay límite. Detalles de toda variedad y tamaño nos pueden causar alegría y satisfacción. Todos ellos, combinados, nos hacen sentir más completos y seguros. No importa si suena ridículo. Lo que nos funcione a cada uno de nosotros es suficiente.

Cantidad vs. calidad

Pareciera que la felicidad es el resultado de un proceso sumamente complicado. A veces vivimos bajo la impresión de que mientras más tengamos más felices seremos. Un día vi unos niños jugando con una botella vacía de agua dejando sus juguetes a un lado.

No es así. Lo que se necesita es mucho más sencillo. Hay que disfrutar de cada momento y buscar lo que nos da satisfacción. Tal vez sea un café, una película en cama o unos tacos al pastor. La decisión es de nosotros pero también es nuestra y responsabilidad encontrar la respuesta.

El gran valor de los pequeños momentos es el efecto que causa: nos proporciona una luz para encontrar el lado positivo de la vida. Así, cuando lleguen inevitable e inesperadamente los eventos negativos, podremos enfrentarlos con valentía.

Parque
Los momentos sencillos son los recuerdos que nos vamos a llevar con nosotros.

Solo lo que vale la pena

Para dar lugar a esos momentos agradables, es necesario primero eliminar lo que no se necesita. Todo eso que da dolores de cabeza sin ofrecer nada a cambio está de sobra. Hay que centrarse en lo que nos beneficia a largo plazo. No hay lugar para lo que no sirve. La vida es corta y hay que aprovechar cada momento.

Claro que hay obligaciones que cumplir. Y algunas no son agradables. Pero estas nos traen beneficios a largo plazo. Por eso no queda nada más que aguantar y tratar de disfrutarlas lo más que se pueda.

Pero hay muchas otras actividades que creemos que hay que cumplir y no es así. Pareciera que no hay otra opción y las llevamos a cabo sin saber por qué. El principio de Pareto dice que el 20 por ciento de las actividades trae el 80 por ciento de los beneficios. Estas son las que tenemos que guardar y proteger con celo.

El valor de los pequeños momentos

No todo puede ser diversión pero tampoco obligación. Tiene que haber un equilibrio. Hay que cumplir pero relajarse al mismo tiempo. Los momentos de recreación sirven para recargar las baterías y enfrentar las obligaciones con energías renovadas.

El valor que damos a los momentos que más disfrutamos es la diferencia entre una vida de amargura y una de plenitud.

Todo esto se dice fácil. Lo difícil es ponerlo en marcha. La rutina hace que olvidemos las verdaderas razones por las que estamos aquí. Entonces, atrapados por sus garras, perdemos el entusiasmo y la creatividad. Es aquí cuando los pequeños momentos nos abren las puertas para, con valentía, enfrentar los grandes problemas.

Conclusión

Escaleras
Varias escaleras nos pueden llevar a los lugares que deseamos conocer

Tenemos una sola vida y contamos con dos opciones:

  • Dejarnos llevar por la rutina, quejarnos de lo mal que nos va y pensar que estamos en un callejón sin salida, o
  • Invertir uno o dos minutos en actividades que nos llenen no solo una vez al día sino muchas.

. . . No puedo predecir el futuro. Pero esto no me impide escribir lo que quiero que suceda. Mañana, al despertar, me gustaría disfrutar de un rico café. Así podré enfrentar el día con una mente clara.

Otra probabilidad es que me llamen de mi reserva para una larga jornada de trabajo. No sé qué vaya a pasar. Tengo mi preferencia personal, pero esto no es garantía. Aún así lo veré desde el lado positivo, disfrutando, cuando se pueda, del gran valor que tienen los grandes momentos.

Epílogo

Desperté más tarde de lo normal. Mi corazón palpitaba. ¿Qué tal si me llamaron y no oí el teléfono? Sentí alivio al darme cuenta de que no había llamadas perdidas. Inmediatamente bajé y me hice un café. No quedaba más que disfrutar del resto del día, que transcurrió sin novedad.

8 respuestas a “
El gran valor de los pequeños momentos

  1. Sabios conceptos: disfrutar de los pequeños momentos felices que son muchos pero que, con frecuencia los pasamos por alto para enfrascarnos en lo negativo. Muy buen artículo y excelentes fotos.

  2. La felicidad se construye con la suma de momentos, esos que se nos quedan guardados por siempre.
    Como dices, está en nosotros encontrar o fabricar esos momentos, esos que nos van a impulsar a combatir los otros, los negativos.
    La felicidad sí existe y está en esos momentos pequeños, inolvidables.

  3. Tienes toda la razón, hay que vivir el aquí y el ahora, todo es cuestión de actitud, en vez de quejarnos, hagamos algo que nos haga felices u veremos diferente la vida. Felicidades

  4. Muy buen artículo y muy buena filosofía. El niño que prefiere una botella vacía a un costoso juguete nos da una lección.
    También la eterna incógnita de diversión u obligación. Si encontráramos la fórmula y la aplicáramos seríamos sabios.
    Felicitaciones.

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