Caminando se conoce el mundo

Luna de miel. Época de tolerancia y perdón. Los conflictos prácticamente no existen. Aparecen pequeños defectos, aparentemente inofensivos, como mi convicción de que caminando se conoce el mundo. Dejamos el auto rentado en el estacionamiento del parque nacional. Iniciaba una gran caminata cuya meta era una playa. Pero para llegar ahí había que subir y bajar una cantidad interminable de montañas. Regresaríamos cómodos en un bote.

Árbol con frutos raros
Los frutos de una buena caminata suelen ser difíciles de predecir

La travesía inició con dos mentes optimistas. Frente a nosotros había once kilómetros y medio de subidas y bajadas. Caminábamos sin prisa mientras disfrutábamos del paisaje. De cuando en cuando parábamos a platicar con gente de muchos lados. Después de intercambiar algunas cortesías, seguíamos nuestro camino.

Algunas horas después sentíamos que la meta estaba cerca. La siguiente montaña era seguramente la última. Pero una y otra vez estábamos equivocados. No importaba porque la vista era impresionante. Platicábamos animados y el tiempo pasaba volando.

Al llegar a la cumbre de una montaña por fin divisamos el mar azul. Bajamos entusiasmados y unos minutos después estábamos en la playa. Pero ya no quedaba mucho tiempo. Se había hecho tarde y teníamos que tomar el bote de regreso. ¿Dónde estaba? Lo único que veíamos eran viajeros preparándose para acampar. . .

Caminatas patológicas

No hay duda de que caminando se conoce el mundo. Lo malo es que a veces sigo esto al pie de la letra. En ocasiones es más fácil tomar un taxi o el transporte público pero se me hace un desperdicio. Al final, contrario a lo que el sentido común dicta, termino en caminatas interminables.

Pero a veces no estoy solo y mis acompañantes, llegan a odiarme. Se les pasa rápido porque saben que las caminatas son agradables. No todo es sacrificio. Saben que siempre hay un premio a la confianza y a la paciencia que profesan. Nunca ha faltado una parada en un lugar interesante o inesperado.

La velocidad de una caminata tranquila y relajada hace ver detalles que se pierden en otros medios de transporte. Se escuchan sonidos. Se perciben olores que hacen el viaje más memorable. Los pies detectan, paso a paso, cada imperfección del terreno. El cansancio de las subidas y la rapidez de las bajadas se recuerdan por siempre. A veces, sin embargo, se paga un precio alto.

Puente peatonal
Los puentes peatonales son para gente que entiende que caminando se conoce el mundo

Me duele el pie derecho

Estamos en plenas vacaciones de invierno. Anoche, después de una larga caminata, disfrutamos de una rica cena de Nochebuena. Hoy pasamos la Navidad caminando todo el día. De esta manera hemos absorbido algo de la interesante cultura georgiana, hasta hace días desconocida para nosotros.

Pero no usé el calzado adecuado y regresé al hotel con un fuerte dolor en el pie derecho. Soy positivo y sé que una noche de reposo será suficiente para mañana estar como nuevo. Sin duda estaré listo para una nueva aventura.

Cumplo con la entrega de este martes cómodamente sentado frente a mi computadora. Estoy tranquilo y mi pie está mejor. Pero esta mañana lo dudaba. Por eso decidimos tener un día más relajado. Afortunadamente el dolor cedió y aprovechamos cada momento disponible.

Caminando se conoce el mundo

Una mañana parisina salí a caminar. Estaba solo. Faltaba poco para que los rayos del sol iluminaran la bella ciudad. Los cafés estaban todavía cerrados pero llenos de actividad.

Las camionetas repartidoras entregaban pan recién horneado. El olor llenaba las calles. De las puertas de las cafeterías salían los encargados a recibir sus pedidos. Minutos después abrirían sus puertas a los primeros comensales, quienes cargarían energías para iniciar la mañana.

El relato anterior es imposible si se es parte de un tour. Hay que cumplir con itinerarios . Si te tardas un poco, al subir al autobús verás las caras largas. Caminando se conoce el mundo. Se recorren los barrios placenteros y se percibe el ambiente local. Caminando a los lugares más populares desde las calles tranquilas aparecen los autobuses estacionados uno junto a otro.

Restaurante
Siempre hay un buen pretexto para encontrar resguardo y recargar energías después de una buena caminata.

Las ventajas de caminar

No en auto ni en trenes subterráneos. Mucho menos en autobuses turísticos. Caminado se conoce el mundo. Aunque duela el pie. Los beneficios son muchos:

  1. Ejercicio: caminar quema el exceso de calorías que se adquieren cuando se está de viaje.
  2. Absorber la cultura: sentado en un café viendo pasar a la gente o visitando un museo raro se aprende mucho.
  3. Evitar restaurantes que abusan de los turistas: como cuando le di la vuelta al toro por el lado equivocado.
  4. La oportunidad de conocer gente: hasta un introvertido crea amistades durante una buena caminata.
  5. Se aprovecha cada momento: cuando se camina no hay tiempo muerto.
  6. Perderse: saca de la zona de confort y se conocen lugares inesperados.
  7. Crea lazos: las pláticas durante las caminatas son muy agradables.
  8. Se conocen lugares diferentes: al caminar se ven sitios que ni siquiera están en las guías turísticas.
  9. Aventura: caminar sin rumbo trae eventualidades interesantes y diferentes.
  10. Algo que contar: no solo lo que todos conocen de los libros o la televisión.

Conclusión

Caminando se conoce el mundo. Mis adoloridos pies son mi medio de transporte preferido. Se aprende mucho durante las largas caminatas. La forma de ver lugares y gente cambia de manera radical.

Caminar es una forma agradable de recorrer pequeños trozos del mundo. Paso a paso la mente se amplía y mejora la perspectiva de los diferentes lugares que conocemos.

Caminando se conoce el mundo
Los pies son la mejor herramienta de exploración.

. . . ¿Y los botes? Estábamos cansados. Solo pensábamos en regresar mientras las olas nos relajaban. No podíamos esperar más para llegar al hostal donde estábamos hospedados.

Preguntamos a una pareja que estaba armando su tienda. El último bote del día había salido hacía unos pocos minutos. La mejor opción era acampar. El problema era que no teníamos equipo para hacerlo.

Ni hablar. Caminando se conoce el mundo. Ya habíamos recorrido once kilómetros y medio y no quedaba más que recorrerlos de regreso para un total de veintitrés. No había tiempo que perder. La noche se nos venía encima.

Llegamos al auto justo a tiempo. Decidí pagar por mi falta de planeación con dulces y chocolates. Paramos en la primera tienda de abarrotes que vimos y los compramos en cantidades industriales. ¿Recuerdan de niños, cuando después de una Navidad les daba una “cruda”* de dulces? Así me sentí durante varios días.

¡Feliz Navidad!

Nota

* Cruda = resaca: para los estimados lectores que no estén familiarizados con este mexicanismo.

7 comentarios en “
Caminando se conoce el mundo

  1. Muy ameno tu artículo y con suspenso: ¿habrán conseguido el bote para regresar?….Al fin lo supimos.

    Una moraleja: se debe de usar siempre el calzado apropiado. Que ya no te duela el pie. Feliz Navidad también para ti

  2. Totalmente de acuerdo contigo. Los pies son el mejor medio de transporte cuando se viaja.
    Muy lindas las fotos.
    ¡Y qué aventura la de los 23 kilómetros!

  3. No hay mejor fórmula para conocer lugares nuevos: caminar y caminar. Muy bien analizada esta fórmula. Sin embargo hay algunos inconvenientes. Quizá nos perdamos los lugares importantes de la ciudad que visitamos. El desconocimiento del idioma. Los pies adoloridos, et coetera.
    Pero así y todo, no hay mejor fórmula. Gracias por un buen artículo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *