Listos para la inevitable crisis

En casa somos sumamente organizados. Siempre estamos listos para la inevitable crisis que venga. Cualquiera. ¿Guerra termonuclear? ¿Invasión de zombis? ¿El rompimiento de la burbuja del Bitcoin? ¿Ataques despiadados contra mi persona y mi orgullo durante partidas de ajedrez a distancia? Si fuera posible lograr la perfección, ahí estaríamos.

Por supuesto nada de lo anterior es cierto. Pero sí que estamos preparados para algunos eventos. Y lo hacemos de una manera sumamente sencilla. Son solo tres pasos que harán que libremos prácticamente cada uno de las terribles catástrofes mencionadas en el párrafo anterior.

Cualquiera pensaría que la casa es una fortaleza. Que hay un refugio subterráneo a prueba de radiación. Por supuesto que somos una familia normal como cualquier otra. De hecho, no nos gusta vivir en un constante estado de paranoia. No pensamos mucho en el futuro, aunque en el fondo estamos preparados.

Como mencioné antes, hay tres pasos sencillos con los que estamos siempre listos para la inevitable crisis. . .

Todo me pasa

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Una montaña de problemas… imaginarios

A veces parece que vivimos en un constante estado de crisis. No salimos de una y llega otra. Se vuelve normal quejarnos amargamente con amigos y familiares. Ellos escuchan pacientemente nuestras quejas y terribles relatos. Algunos hasta se acostumbraron.

Lo que pasa es que somos muy sensibles a algunos eventos. Estos son, la mayoría de las veces, irrelevantes. Es fácil ver todos los reveses como un ataque del universo contra nosotros. Todo nos pasa, nos sale mal, la comida se nos quema, los aparatos se descomponen….

En ese momento hay que parar y preguntarnos si en realidad estamos en estado de crisis. Hay que aprender a distinguir los problemas reales de los imaginarios. Estos últimos, cuando se juntan, se ven mayores de lo que son.

Hay que dejar de pensar que cualquier cosa es el fin del mundo. Debemos de ser realistas y aprender a dar a los problemas el peso que realmente tienen. Entendamos que hay cosas que tienden a salir mal. Hay gente incómoda en la vida, tareas desagradables en el trabajo y muchos obstáculos que distan de ser críticos.

Olvidando los pequeños problemas, estaremos listos  para la inevitable crisis que en un momento u otro llegará. Y la recibiremos con una mente clara.

Nada me puede pasar

Por un lado lamentamos que todo nos pasa. Por el otro, estamos convencidos de que nada nos puede pasar. Ambos pensamientos viven en nuestras cabezas, uno junto a otro. Al mismo tiempo que nos ponemos en papel de víctimas, creemos que hay cosas que solo les suceden a otros.

“A mí no me pasa porque soy muy (insertar adjetivo auto-adulatorio)”. Este pensamiento nos tranquiliza. Cuando a alguien le sucede algo, quiere decir que no es tan inteligente como nosotros. Por naturaleza, nos creemos superiores a los demás. Esto nos ayuda a la supervivencia, pero también afecta la interpretación de la realidad.

El tema de las estadísticas se me hace muy interesante. Por un lado ofrecen una buena interpretación de las probabilidades de que suceda un evento, pero por otro hay que tener cuidado porque también tendemos a salir de la norma.

La conclusión es preocupante: por estadística, algo probable nos va a pasar. Por estar expuestos al medio ambiente, sucederá algo improbable. Por ello, debemos de estar listos para la inevitable crisis que llegará en el momento menos esperado.

cartera vacía
Los problemas económicos son muy comunes. Hay que estar preparados.

Listos para la inevitable crisis

En resumen, nos preocupamos por lo que no debemos. Los pensamientos negativos nos distraen de lo importante. Es bueno sentirnos seguros de nosotros mismos, pero también hay que ser realistas. Los problemas no son imposibles, pero tampoco somos invencibles.

El primer paso es simple. Hay que vivir con el hecho de que hay situaciones molestas. Sin ellas la vida sería sencilla, pero son inevitables. Hay que aprender a vivir con ellas y no dejar que nos distraigan.

El segundo paso es darnos cuenta de nuestra vulnerabilidad. Las cosas nos pueden pasar a todos. No somos especiales. Sabiendo esto, es posible crear un plan que nos deje listos para la inevitable crisis.

Diez pasos para enfrentar una crisis

La inspiración para el tema de este artículo me llegó el domingo pasado. Me encontraba cansado, frente a una hoja en blanco. Era ya tarde, hora de dormir. Hacía unos instantes me había acordado de que me faltaba la lluvia de ideas del día. Saqué fuerzas de flaqueza y me puse a escribir.

En su libro “El Cisne Negro” (ampliamente recomendado por este blog), Nassim Nicholas Taleb nos dice que las cosas que causan más impacto son las que menos esperamos. Ni siquiera tenemos idea de su existencia. Estoy de acuerdo. Aún así, hay que estar preparados para lo que sí sabemos que puede pasar.

Los primeros cinco puntos se refieren a la solución de la crisis. Los siguientes son de reflexión y de aprendizaje para poder aplicar un proceso de mejora constante, Kaizen.

Listos para la inevitable crisis
Endulzar la vida ayuda cuando llegan los problemas.

1.- Contar con un plan B si es posible.

Un refugio subterráneo, la casa de una tía, el seguro de auto, correr lo más rápido posible. No siempre se puede contar con un Plan B. No podemos estar listos para la inevitable crisis en todos los casos. Si es posible, hay que tenerlo a la mano.

2.- Usar todos los recursos disponibles.

Estar en crisis es desagradable y traumatizante. Por ello, es necesario salir de ella cuanto antes. Hay que poner el 100% de nuestros esfuerzos para dejarla atrás.

3.- ¿Está bajo mi control?

En caso positivo, hay que poner en operación los dos pasos anteriores. Si no está bajo nuestro control, no hay nada que hacer. Habrá dolor, tristeza, enojo y otros sentimientos, sin duda.

4.- Dar prioridad a lo más urgente.

Es necesario sentarnos a analizar el problema. ¿Qué es lo más grave, de vida o muerte? Hay que empezar  por lo más crítico. En algún momento, la crisis se convertirá en un problema pequeño.

5.- ¿Tiene solución?

Si ya pusimos en marcha un plan B, dimos nuestro máximo esfuerzo, hicimos lo posible y aún así no se resuelve, entonces se salió de nuestro control. Es momento de regresar al punto número tres.

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¡Se acabó el vino! Una verdadera crisis.

6.- ¿Cuál es mi parte de responsabilidad?

A veces las cosas pasan por errores u omisiones nuestros. Es necesario ser realistas y analizar nuestra parte de responsabilidad. Esto se debe de hacer de una manera fría y analítica.

7.- No culparme.

Responsabilizarme, pero no culparme por lo que pasó. Desde niños nos han enseñado a perdonar a los demás. Es igual de importante perdonarnos a nosotros mismos.

8.- Aprender de la experiencia.

Todo evento negativo trae consigo un valioso aprendizaje. Darnos cuenta de qué pasó, por qué y cómo podemos evitar en el futuro nos deja listos para las inevitables crisis que vengan.

9.- Ser sincero con las partes afectadas.

Si la situación afectó a terceros, hay que explicarles exactamente qué pasó. Si lo sucedido fue en parte nuestra culpa, hay que aceptarlo, responsabilizarnos y decirlo abiertamente, sin tratar de culpar a otros.

10.- Contar con respaldos.

Contar con un colchón financiero, un respaldo de disco duro, planes alternativos de acción, rutas alternas, etc. Ser optimista y pesimista al mismo tiempo ayuda mucho. Si estamos listos para la inevitable crisis, pasará una de dos cosas: la solución será más sencilla o el problema no crecerá.

Conclusión

Debemos estar listos para la inevitable crisis. Por solo estar en el mundo nos van a suceder cosas que no queremos o que no nos gustan. Es necesario detectarlas para actuar con prontitud. Hay que estar preparados y ser realistas. Así, todo se solucionará más fácilmente. Será posible reagruparnos para atacar el problema.

Estadio
Cada cabeza es un mundo Todos nos enfrentamos a la inevitable crisis.

También hay que ver lo positivo. Siempre queda algo por aprender, lecciones que sacar. Analizar para no repetir errores. Es necesario olvidar lo desagradable de la situación pero no lo aprendido. Hay que estar preparados para lo que vendrá.

Hay eventos que dejan un profundo impacto. Las cicatrices quedarán por siempre. Hay que aprender a vivir con ellas. Por otro lado, hay situaciones que en el momento parecen terribles. Cuando las vemos en retrospectiva, no era para tanto. Nos dan una buena oportunidad para contarlas y reírnos de ellas.

. . . No cavamos un refugio anti nuclear en el jardín de atrás. Tampoco tenemos balas de plata. ¿Un plan contra el ataque de los zombis? Me temo que no. ¿Estrategias de ajedrez? Soluciono los problemas en el momento. Pero como somos una familia muy organizada, hay tres cosas que no faltarán en caso de emergencia:

  1. Comida de gato
  2. Café de grano
  3. Salsa picante

 

10 comentarios en “
Listos para la inevitable crisis

  1. De acuerdo! Yo durante muchos años preparé un plan “B” en lo laboral, y ahora puedo celebrar que tuve éxito en la planeación. Si no hubiera tenido esa alternativa, seguro que seguiría en el plan original, lamentándome de todo.

    Abrazo!

  2. Tienes toda la razón. Hay que evitar las preocupaciones por lo que tememos que va a pasar y, que, aforunadamente, no ocurre. Lo del plan B, excelente. Hay que estar preparados. Te felicito, muy buen artículo.

  3. Este artículo me hace pensar y reflexionar. Gracias.
    Están muy acertados los primeros cinco puntos que son los que se refieren a la solución, pero los siguientes me parecen igualmente importantes. Felicitaciones por un buen artículo.

  4. Yo antes me hacía un montón de problema por cosa que, la verdad, no era para tanto. Creo que era una manera de desviarme de problemas más importantes.
    Ahora lo tomo todo con más filosofía. Como dices, hay que prepararse, pero nunca perder el sueño de antemano.
    Lo bueno es que Nieve está bien cubierta jeje

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