El hábito sí hace al bloguero

Me encontraba solo frente a un reto que parecía imposible. Todos me habían abandonado. No había ayuda a la vista. Desgraciadamente el hábito estaba muy inculcado en mí. Era hora de pagar las consecuencias. Esperar un rato o dejarlo tendría un resultado funesto. El reto crecía de forma exponencial, mientras el tiempo transcurría impasible.

Finalmente saqué fuerzas de flaqueza para solucionarlo de una buena vez. El problema se repetía día con día y yo insistía en cometer el mismo error una y otra vez. Alguien responsable como yo no tenía necesidad de caer en esto. Pero el momento de enfrentar la realidad había llegado.

Y ahí estaba yo en ese instante, frente a una montaña grande e imponente . . .

Mi primera reseña de un libro

Cuando inicié este blog prometí muchas reseñas de libros interesantes. Esto tuvo gran aceptación de los primeros lectores que hasta hoy siguen esperando. No he alcanzado el hábito de hacerlo, obviamente. En 37 artículos lo más cercano fue un artículo sobre un género que se me hace interesante, pero la promesa inicial había quedado en el aire. Hasta hoy.

Hay un libro que marcó una gran huella en mí: El poder de los hábitos (The Power of Habit), de Charles Duhigg.

Libro El poder de los hábitos
El libro objeto de la tan esperada primera reseña en el blog.

No tan rápido

Como siempre hago las cosas a mi manera, esta reseña será diferente a las tradicionales. A continuación explico mis razones:

  • El libro lo leí hace más de dos años. Y mi memoria no es la mejor.
  • No veo ningún beneficio en decir de qué se trata. Espero en cambio avivar tu curiosidad, amable lector, para que le des una oportunidad y lo leas.
  • Mi método de lectura no es ni organizado ni científico. Jamás tomo notas o subrayo párrafos interesantes. Simplemente leo y me alegro de la poca o mucha información absorbida.
  • En lugar de hacer una crítica literaria, mi objetivo es transmitir los cambios que el libro hizo en mi forma de ver las cosas.
  • Es mi blog y hago las cosas a mi modo.

Pequeña introducción

Entré a una librería y la portada me llamó inmediatamente la atención. Lo tomé y lo pagué en el acto. En esa etapa de mi vida sabía que me urgía un cambio. Tal vez esto sería un buen principio. Si no funcionaba, al menos me ayudaría a mantener el hábito de la lectura, que además empezaba a perder.

Fui a una cafetería donde empecé a leer sin esperar más. No me decepcionó. A pesar de que no coincido con algunos puntos de vista del autor, su estilo es adictivo, ameno e interesante. Hay excelentes historias y muy buenos ejemplos. Lo terminé en unos pocos días. Ahí empezó una reacción en cadena que continúa hasta la fecha, en la que devoro un libro tras otro.

Confieso que no he vuelto a leerlo. No sé cuál sería mi opinión si lo repitiera, pero creó una semilla dentro de mí. Recientemente leí la última obra del mismo autor *. A pesar encontrarla entretenida y de fácil lectura, sus opiniones ya no me convencieron tanto.

El hábito que llegó para quedarse

libors de niños
En casa hemos tratado de “imponer” el hábito de la lectura con diferentes grados de éxito.

A lo largo de la vida adquirimos malos hábitos sin darnos cuenta. Entran sutilmente, sin anunciarse. Los aceptamos sin pensarlo mucho.  Los hacemos parte de nuestra naturaleza. Se vuelven parte de nuestra vida normal. Sin notarlo, acabamos de perder algo.

Esto se vuelve un patrón repetitivo, llegan con más frecuencia. Son difíciles de detectar. Los arraigamos tanto que la gente que está a nuestro alrededor se acostumbra. Este se vuelve un momento crítico porque nos quedamos sin nadie que nos pueda enseñar el camino correcto.

No es posible eliminar los malos hábitos. Por eso cuesta tanto empezar una rutina de ejercicio, dejar de fumar, no enojarnos con la gente y muchas cosas más.

Los cambios radicales no funcionan

¿Cómo puedo eliminar todas esas cosas que sé que no me hacen bien y que de todos modos hago? La respuesta es muy sencilla. Los malos hábitos se neutralizan introduciendo buenos hábitos, poco a poco. Si el artículo tuviera un límite de 11 palabras, la frase anterior sería todo su contenido. Un solo lector que lo entienda y aplique hará de este día un éxito para mí.

Hay dos puntos que deben quedar claros:

  1. No es posible eliminar malos hábitos.
  2. Es posible introducir buenos hábitos.

El hábito positivo tomará el lugar de su enemigo. Esa es la forma de aplacarlo. Pero hay que ser muy cuidadosos porque el hábito malo seguirá ahí, acechando. No está muerto: nada más está neutralizado. Y usará la primera oportunidad que encuentre para aplicar la misma táctica con la que perdió el poder..

La mejor manera de introducir buenos hábitos en la vida es hacerlo poco a poco y de manera sencilla. Sería muy complicado cambiar la vida de manera radical. Hay que hacerlo mediante pasos sencillos, fáciles de ejecutar.

Un ejemplo personal

Durante años consumía mucha comida chatarra. Cuando pasaba al supermercado en la mañana y caminaba frente a la sección de frituras, mi corazón se aceleraba y mis glándulas salivales trabajaban al 100%. En la época más oscura compraba una bolsa de papas pequeña y me la comía en el coche de regreso a casa, a las 8 de la mañana, con el estómago vacío.

Un día decidí que cuando se me antojara uno de estos productos, me comería en su lugar una manzana (consejo sacado del libro que se supone que estoy reseñando). Lo hice y funcionó, hasta el punto en el que perdí todo interés por esos productos.  Actualmente, al caminar por dicha sección del súper, ni cuenta me doy de su existencia. En estos días los consumo únicamente como botana en reuniones.

El hábito sí hace al bloguero

Detalles como el anterior desataron una reacción en cadena. Gradualmente he ido enterrando algunos malos hábitos y su lugar ha sido tomado por algunos más positivos. Aún así debo ser cuidadoso. En cualquier momento pueden surgir los fantasmas del pasado y todo lo logrado se puede perder.

Alejandro dista de ser un estuche de monerías, por supuesto. Hay todavía muchas luchas por consumar. De mi gran debilidad, la desidia, he hablado en el pasado. Es una lucha constante que a veces parece no tener solución.

Naturaleza muerta
Una diete balanceada y rica es un hábito poderoso

En otros casos, no me interesa eliminar el hábito. Un ejemplo es el café. Es mi gran amigo y no tengo la menor intención de abandonarlo mientras tenga salud. Antes lo tomaba de manera descontrolada. Al final del día no sabía cuántos llevaba. Tal vez 10, o 15. No sé, ni se me había ocurrido contarlos.

Actualmente sigo una estricta regla auto-impuesta de no tomar más del equivalente a cuatro dosis de exprés por día. Sigue siendo mucho, pero al menos hay control. Un efecto positivo de esto es que ahora para disfrutar de mi café busco una oportunidad, un momento y un lugar agradable y lo disfruto más que antes.

La emergencia semanal

Escribo el blog cada semana y con eso espero adquirir el hábito de escribir correctamente. Hoy, martes, sigo escribiendo y ya es tarde para la publicación. Eso me pasa con frecuencia, pero usando reglas estrictas como la del ejemplo anterior he salido airoso hasta el día de hoy, a pesar de adversidades como accidentes automovilísticos, fallas técnicas (acompañadas de terremotos) y eventos políticos adversos.

Para poner las cosas en perspectiva, quien haya leído las historietas de Mafalda, me puede visualizar todo el martes pensando que tengo que escribir, con la misma cara que tiene Felipe cuando tiene que hacer sus “deberes” **.

Hay otros casos en que me convierto en Felipe: a la hora de renovar el registro de mi auto, o cuando estoy  próximo al plazo para completar algunos cursos en línea que me exigen en mi trabajo. Esta es solo la punta del iceberg.

Conclusión

Lo dije antes y lo repito:

Los malos hábitos se neutralizan introduciendo buenos hábitos, poco a poco.

Dicen que se necesitan 31 días de hacer algo constantemente para crear un hábito. Yo no creo en fórmulas mágicas. No espero que el día 31 cambie mi vida. Pero es un hecho que los cambios se dan día con día, de manera consistente. Al principio es difícil y dan ganas de darse por vencido. Pero en un momento el que el hábito se vuelve natural, no cuesta trabajo y ni se siente.

. . . Y ahí estaba yo en ese instante, frente a una montaña grande e imponente… de platos sucios.

En casa soy el “lavador oficial de platos“. Al principio me costaba mucho trabajo. Los platos de la cena y del desayuno anterior se apilaban a la hora de la comida. Pensaba que podía lavar todo al mismo tiempo. Se juntaban ollas, sartenes, cubiertos y vasos.

Ese día en particular había tanto que tardé 3 horas en terminar. Todos me habían abandonado para hacer sus cosas y yo seguía ahí lavando. Suficiente. No tenía por qué ponerme en esa situación.

Platos limpios
Ejemplo de buen hábito.

La solución, posteriormente, llegó a pasos pequeños: cada vez que se usaba un plato, lo lavaba. Al finalizar la cena y el desayuno no quedaba ni un plato sucio. Lavaba ollas y sartenes mientras se cocinaba. A la hora de comer lavaba los platos de la sopa al tiempo que se servía el plato fuerte.

Llegó un momento en que empecé a disfrutar esa actividad odiada por todos. El hábito se asentó poco a poco. Actualmente quito literalmente la cuchara de la boca de la gente para lavarla. La cocina se ve limpia durante todo el día.

Si sale tarde el artículo de hoy, ya sabrán por qué fue.

Notas

* El título es: “Smarter Faster Better: The Secrets of Being Productive in Life and Business”

** Deberes en argentino, tarea en mexicano.

12 comentarios en “
El hábito sí hace al bloguero

  1. Hola pues muy buen artículo ,ahora a la tarea de ver los hábitos que queremos cambiar , y cuando los identifiquemos y estemos conscientes del cambio creo que tendremos mucho ganado y con la ayuda de tus tipo y comentarios , creo que podremos lograr mucho saludos y gracias

  2. Excelente artículo, como siempre. El hábito de tener la cocina pulcra y de lavar lo que se ensucia en el momento ¿no se lo habrás copiado a tu mamá jejeje? Evidentemente no, porque tardaste mucho en adquirirlo. Muy buena la comparación con Felipe.

  3. Muy buen consejo el de extirpar los malos hábitos con buenos hábitos, pero no sé si nuestro subconciente nos haga disfrazar los malos como si fueran buenos. Se necesita valor para identificar y combatir, de cualquier manera, los malos hábitos.
    Buenas fotos y buena redacción. Felicitaciones

  4. ¡Excelente el artículo y los tips! Dan ganas de empezar a introducir buenos hábitos hoy y de ganar la batalla a los malos hábitos que, no sólo nos causan angustias estilo Felipe el de Mafalda, sino que también terminan reflejandose, de manera negativa, en nuestra persona y en nuestra vida.

  5. Buenos consejos para cambiar malos habitos. El problema es mantenerlos. Pero ya empezamos para batallar, creo que ahora es cuestion de tiempo y voluntad. Felicidades

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